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Los Altares de la Cruz

Los Altares de la Cruz o festividad de La Cruz de Mayo es una tradición de alto contenido popular, vivo reflejo de la idiosincrasia de la naciente sociedad en Cuba y de sus ancestros andaluces.

Los Altares de La Cruz eran fiestas que se celebraban en la parte oriental de Cuba a mediados del siglo XIX (1858).

La Ciudad de Holguin fue partícipe de estas celebraciones que se realizaban en el mes Mayo y se extendían hasta el día 31 del propio mes.

En esos días La Ciudad de Holguin vivía momentos de intensa actividad y regocijo motivo de reuniones familiares, encuentro de amistades, era una auténtica fiesta del hogar.

Los Altares de La Cruz se centraba en un altar que se colocaba en el centro de la gran sala de la vivienda. Este se adornaba con cirios, y bellísimas flores que en el mes de mayo abundaban y alcanzaban su mayor esplendor en los patios de las viviendas.

En el suelo y sobre una alfombra, jícaras o bandejas, según los cambios que las distintas épocas impusieron, brindaban a la concurrencia innumerables frutas, muchas de ellas autóctonas de Cuba, entre las que se encontraban: platanitos, naranjas, piña, corojos, guayabas, mameyes colorados, mangos, ciruelas, manzanitas rosas, etc. La fragancia de las flores y las frutas llenaban la sala de un cálido y especial aroma.

Se colocaban búcaros, porcelanas, estatuillas como adorno, lo que se llamaba Altar nunca estaba adornado ni con la Cruz cristiana ni con ninguna imagen o estampa religiosa, era una fiesta social sin matiz religioso.

El baile comenzaba exactamente a las 8 de la noche para terminar invariablemente a la media noche, hora en que se apagaban las pocas farolas del alumbrado público.

Ante de la media noche en el comedor de la morada se servían dulces. Como bebida algún que otro vino dulce y a finales de siglo alguna que otra cerveza.

Poco antes de terminar el baile, una joven escogida de antemano hacía acto de presencia portando una linda moña de la cual colgaban dos cintas de color morado o rojo de al menos medio metro de largo y de forma sorpresiva la prendía a la solapa de uno de los caballeros, el que sorprendido agradecía el gesto y con ello tenía la obligación de organizar la próxima fiesta, lo cual implicaba buscar la casa, costear la música, el alumbrado y todos los demás gastos del próximo baile.

Estaba terminantemente prohibido anunciar el nuevo padrino sin antes enmoñarlo. Posteriormente él a su vez escogería mediante envío de un broche lujoso quien lo acompañaría en la fiesta y sería la madrina de la próxima celebración.

Con la aparición del nuevo siglo y la neocolonia, la celebración de Los Altares de La Cruz fue perdiendo auge hasta quedar olvidada en las sombras de la época colonial en Cuba.

Los Altares de La Cruz, tradición pasada de moda, quizá olvidada, resurge en uno de los atrios de La Catedral de San Isidoro en La Ciudad de HoLGUIN el 3 de mayo de 1997 y desde entonces, año tras año, una buena parte de la comunidad y numerosos curiosos, motivados por la ruptura de la monotonía, se acercan para participar de esta.

Los Altares de La Cruz es una tradición rescatada gracias a la feliz iniciativa del Grupo de Mujeres de La Catedral de San Isidoro en La Ciudad de Holguin, celebración que durante años animó la religiosidad de este pueblo y que aunque su origen fue cristiano, específicamente Católico, poco a poco fue derivando y fundiéndose con otros elementos culturales hasta convertirse en una mezcla de actividad de fe y sano esparcimiento.